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La serie de fotografías Esto es una pipa de Camilo Restrepo, alude de manera directa a la obra La traición de las imágenes (esto no es una pipa) de 1928/29, analizada por Michel Foucault en su ensayo sobre René Magritte de 1993, y resignificada por algunos artistas en diferentes décadas.
La pintura de una pipa que en la caligrafía niega ser el objeto que imita y reproduce, mas que un hito de la historia del arte es un referente conceptual que señala de manera incisiva las relaciones entre palabras, imágenes y cosas. La semejanza, las asociaciones o el reconocimiento, revelan al mismo tiempo el vínculo arbitrario entre significante y significado, convención cultural analizada por Ferdinand de Saussure como fundamento de los estudios lingüísticos en la primera década del siglo XX.
No obstante lo anterior, mas allá de la construcción del sentido colectivo que nomina y clasifica al mundo posibilitando toda comunicación ¿Qué sucede cuando la elaboración de cada objeto supera un referente transmitido y se convierte en algo único que solo es plenamente identificado por su creador? Las fotografías de Camilo Restrepo a partir de la recolección durante el 2008 de las más heterogéneas pipas, no son representación porque son huella de un instante, y los objetos no son producto del diseño industrial sino bricolage que potencia nuevos usos, valores y signos. Así describe el artista su proceso de trabajo: “Durante varios meses recolecté en tres de las mas grandes “ollas” de Medellín (Barriotriste, La Paz y el Paseo del río) alrededor de un centenar de pipas utilizadas para fumar bazuco: pipas construidas con objetos disímiles que fueron fabricados para realizar funciones que nada tienen que ver con el acto de fumar: lapiceros, marcadores, jeringas, ampolletas, tubos de PVC, pequeños contenedores plásticos, cauchos, bolsas, etc…; pipas de diferentes estilos y tamaños que elaboran los mismos drogadictos o que compran en las “ollas” y las que el uso y el abuso han terminado por personalizar y diferenciar aun mas”.
Esto es una pipa indica el día a día del consumo, de la adicción y de la sobrevivencia en muchas ciudades colombianas, donde se configuran estéticas y apropiaciones singulares desde la recursividad que expande limites del hacer y del usar. Asimismo, como contraste cultural el artista utiliza el lenguaje fotográfico de catálogos comerciales, para mostrar un “sistema de los objetos” con sus propias leyes de oferta y demanda, en el cual existe otra circulación social de las mercancías.
Gloria Posada
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