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HABITAR LO INTERMEDIO
ANGÉLICA CHAVARRO
6 de agosto de 2026




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Arnold van Gennep nombra liminalidad a la orilla donde la forma anterior se disuelve y la nueva carece de contorno. Hacia esa zona intermedia donde la vida cambia mientras intentamos entenderla, hacia esta experiencia sensorial e instalativa, nos impulsa Angélica Chavarro Franco.
El tejido de cuerpos sutiles que están contenidos en éste territorio, son representación de ese estado de suspensión transitorio, atemporal, existencial, en donde el hilo, el tejido, la urdimbre, el color y el trazo en sus obras introducen en nuestra cotidianidad la memoria táctil de sus escritos y reflexiones; cada fibra acumulada registra el tiempo transcurrido en su concepción y la duración de nuestra mirada.
En su obra, el color se despliega como un territorio contenido, la textura es geografía emocional que frena la dispersión y nos enraíza en nuestra impermanencia perfecta. El espacio nos abraza. La repetición de la trama, la línea y la mancha construyen un refugio en donde la materia y el entorno se funden en una sola respiración. Con esta propuesta
instalativa Angélica busca suscitar una atmósfera liminal, una experiencia donde la geografía íntima es parte de esa dimensión intangible que nos hace ser.
El tránsito es para ella un lugar de transformaciones y comprensiones profundas que requieren pausa, duelo, atención para ser descifradas, y nos ofrece la línea precisa y la organicidad del color para fijar la memoria del umbral en el territorio de nuestra humanidad compleja, variable, difusa. Su invitación es a detenernos, a soltar para encontrar aquello que estamos buscando, a entrar en lo profundo de nosotros para entregarnos a disfrutar lo desconocido y que así emerja el regalo del bardo: ese intervalo donde la forma anterior se disuelve antes de buscar nombre.
Esta es una invitación a explorar una presencia plena, una consciencia expandida, a encontrar la atención para reconocernos y entregarnos al regalo desconocido del próximo segundo, donde muere el ser que creímos ser y renace la esperanza de abrazar nuestra perfecta imperfección. Los textiles de algodón que nos abrazan acá, prescinden del discurso externo y nos sostienen para soportar el peso exacto de la tregua entre un latido y otro.
Fernando Cuevas Ulitzsch
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