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Paisajes de Memoria

Mario Opazo - Alexander Romero Reyes

 

1. El paisaje reclama distancia, se deja ver desde un lugar determinado, desde un punto de vista externo, vemos el paisaje desde afuera. Ingresar en él es trazar acuerdos, propagarvínculos íntimos y de sentido, es habitar, es construir, es hacer territorio.


2. El recuerdo es objetivo, nos trae lo que se recuerda. La memoria en cambio es subjetiva, incluye al sujeto, a un quien recuerda, y ése quien recuerda, recuerda de cierto modo, hace memoria.


(Esta exposición resulta de ciertos modos de recordar el paisaje)


El proceso de creación de Alexander Romero Reyes nace como forma escultórica aprendida en el paisaje, como narración de la montaña, del cielo, del rio y del fuego, como impronta escrita en él, y a través de él traídas desde su infancia. Hay componentes míticos en su relación con el paisaje – que abren pausas y tiempos dados a la contemplación y al rito– : escalar la roca, horadar la tierra, leer el cielo, tirar una piedra al agua, prender fuego y darse a la mirada antigua y profunda. En “Materia y Paisaje”(2020-2022), vemos a un quien recuerda de cierto modo el paisaje: conmemorando la evolución y el cambio, en un rito lejos de la separación dualista de humano y no humano, o de cultura y naturaleza; su modo de recordar el paisaje es mas bien monista: se constituye en flujo y alternancia de fuerzas, ritmos y despliegues efectivos que alternan el trabajo, la herramienta y la materia como una misma constelación que integra y transmuta, pasa por el cuerpo y retorna a lo profundo.


En diálogo con el proyecto de Alexander Romero Reyes, presento el “Mapa energético para occidente”(2022). Una traza hecha con estacas de palosanto clavadas en los muros del espacio; a la vez que abstracto, el mapa puede ser vívido, volátil y atmosférico; como una cartografía de efectos y afectos de un campo vibrátil, una versión del paisaje como flujo de fuerzas, un quien recuerda de cierto modo al paisaje hecho magia o hechizo. La crítica a occidente en lo que respecta a la explotación y dominio del paisaje subsumido al vector de desarrollo tecno-científico, reclama la vigencia de otras ontologías, en este caso, el animismo como ontología posible y vigente, como
flujo del alma entre lo humano y la naturaleza, como urgente necesidad de reevaluar la hegemonía  occidental que nos paró en frente de la naturaleza, como quién se para frente a una despensa. En  este proyecto conmemoro el paisaje desde el bolsillo del delantal de mi abuela.

 

Mario Opazo
Artista plástico
Profesor Titular Universidad Nacional de Colombia